miércoles, 12 de febrero de 2025

MI RELACIÓN CON DIOS.🙏❤️


 



La relación que tengo con Dios es un viaje personal y profundo que ha evolucionado a lo largo de mi vida. Desde la infancia, sentí una conexión especial con lo divino, una presencia que me acompañaba en momentos de alegría y en tiempos de dificultad. Esta relación ha sido una fuente constante de fuerza, consuelo y orientación, moldeando quién soy y cómo veo el mundo.

 

Crecí en un hogar donde la fe era un pilar fundamental. Las enseñanzas religiosas, las oraciones nocturnas y la participación en la comunidad de la iglesia eran parte integral de mi vida diaria. Estas experiencias tempranas sembraron en mí las semillas de la fe y la espiritualidad, enseñándome a confiar en Dios y a buscar su guía en todas las decisiones importantes de mi vida.

 

Con el tiempo, mi relación con Dios ha madurado y se ha vuelto más introspectiva. La oración sigue siendo una práctica central en mi vida, un momento de diálogo íntimo donde expreso mis alegrías, tristezas, esperanzas y miedos. A través de la oración, siento que puedo dejar de lado las preocupaciones y conectarme con una fuerza superior que me brinda paz y claridad.

 

Uno de los aspectos más transformadores de mi relación con Dios ha sido el aprendizaje de la humildad y la gratitud. Reconocer las bendiciones diarias, desde los pequeños milagros hasta las grandes oportunidades, me ha enseñado a ser agradecida y a ver la vida con ojos de aprecio. Este sentido de gratitud me impulsa a ser mejor persona, a mostrar compasión y empatía hacia los demás, y a actuar con integridad y amor en todas mis interacciones.

 

Además, la lectura de las escrituras y la meditación en sus enseñanzas me han proporcionado un marco moral y ético sólido. Las historias y principios contenidos en los textos sagrados no solo me ofrecen lecciones de vida, sino que también me inspiran a vivir de acuerdo con los valores de justicia, misericordia y amor. La comunidad de fe también ha sido un pilar importante, ofreciendo apoyo, sabiduría compartida y un sentido de pertenencia que fortalece mi relación con Dios.

 

Sin embargo, esta relación no ha sido libre de desafíos. He enfrentado momentos de duda, de cuestionamiento y de lucha interna. Enfrentar el sufrimiento y las injusticias del mundo me ha llevado a veces a preguntarme sobre el propósito y la voluntad de Dios. Pero incluso en estos momentos de incertidumbre, he encontrado consuelo en la fe, recordando que la confianza en Dios no implica entender todo, sino creer en su amor y sabiduría.

 

Mi relación con Dios es una fuente inagotable de esperanza y resiliencia. A través de los altibajos de la vida, he aprendido a confiar en que hay un plan mayor y que cada desafío es una oportunidad para crecer y acercarme más a lo divino. Este viaje espiritual es continuo, y cada día es una nueva oportunidad para fortalecer mi fe, aprender más sobre Dios y vivir de una manera que refleje Su amor y misericordia.

 

En definitiva, mi relación con Dios es un aspecto central de mi identidad y una guía en mi vida. Me esfuerzo por vivir de acuerdo con los principios y valores que considero sagrados, buscando siempre crecer en mi fe y profundizar mi conexión con Dios. Cada día trae nuevas lecciones, nuevas bendiciones y nuevas oportunidades para confiar en su guía y encontrar paz en su presencia.


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