INTEGRANTES:
CHARIT TATIANA BARRANCO CONSTANTE
WENDY GERALDINE JULIO SALDAÑA
LEIDER ALBERTO SÁNCHEZ URECHE
CULTURA E HISTORIA DE LAS RELIGIONES
DOCENTE:
JESÚS OROZCO PABÓN
SANTA MARTA, MAGDALENA
2025
Reseña
de la encíclica Fratelli Tutti del Papa Francisco.
Introducción
Fratelli
Tutti, firmada por el Papa Francisco el 3 de octubre de 2020 en Asís, es una
encíclica social que aborda la fraternidad y la amistad social como caminos
para construir un mundo más justo, pacífico y solidario. Inspirada en San
Francisco de Asís, la encíclica propone un cambio de paradigma en las
relaciones humanas y sociales, desafiando las estructuras que generan
exclusión, desigualdad y violencia. No se dirige únicamente a los católicos,
sino a toda la humanidad, invitando a soñar juntos con una nueva humanidad
abierta a la esperanza.
El
Papa, en el contexto de una pandemia global y de crecientes tensiones sociales,
económicas y políticas, hace un diagnóstico crítico de los males actuales, pero
también propone caminos de renovación inspirados en el Evangelio, el magisterio
social de la Iglesia y el diálogo con otras culturas y religiones. La encíclica
se estructura en ocho capítulos que combinan reflexión teológica, análisis
social y propuestas concretas.
Capítulo
1: Las sombras de un mundo cerrado
El
primer capítulo traza un panorama sombrío del mundo contemporáneo. Francisco
denuncia cómo, pese a los avances tecnológicos y la interconexión global,
persisten formas de exclusión, egoísmo y violencia. El individualismo extremo
ha erosionado los vínculos comunitarios, promoviendo una cultura del descarte
que margina a los más débiles, incluyendo migrantes, ancianos, personas con
discapacidad y los pobres.
Critica
la lógica utilitarista que mide el valor de las personas por su productividad y
cuestiona un sistema económico que genera desigualdades estructurales. Las
redes sociales, lejos de promover el diálogo, muchas veces amplifican el odio y
la polarización. Además, Francisco advierte sobre los nacionalismos cerrados,
la pérdida del sentido histórico y el debilitamiento de las instituciones
democráticas.
Frente
a este panorama, el Papa propone no resignarse al cinismo o la desesperanza,
sino despertar la conciencia solidaria que brota del reconocimiento de la
dignidad humana de cada persona.
Capítulo
2: Un extraño en el camino
Este
capítulo está centrado en la parábola del Buen Samaritano, que el Papa propone
como modelo universal para reconstruir la fraternidad. La parábola es una
respuesta concreta a la pregunta sobre quién es mi prójimo. El Papa destaca que
el samaritano no se pregunta por la identidad del herido, sino que actúa movido
por la compasión.
Francisco
nos interpela: ¿quiénes somos en esta historia? ¿Pasamos de largo como el
sacerdote o el levita, o nos detenemos como el samaritano? Esta figura
representa la actitud que necesitamos: cuidar al otro, hacernos cargo de su
sufrimiento, sin importar su origen, religión o condición social.
La
parábola se convierte en una clave de lectura para la vida social y política:
no podemos construir un proyecto común sin hacernos cargo de los heridos del
camino. La indiferencia, la violencia y el egoísmo solo se superan mediante la
cultura del encuentro y el compromiso activo con la justicia.
Capítulo
3: Pensar y gestar un mundo abierto
En
este capítulo, Francisco reflexiona sobre el amor que se abre al otro como
fundamento de una verdadera fraternidad. Insiste en que cada persona posee una
dignidad inalienable, más allá de cualquier circunstancia, y que el amor social
debe expresarse en estructuras que garanticen el respeto y la inclusión.
El
Papa reafirma el principio del destino universal de los bienes: la propiedad
privada es un derecho secundario, subordinado al bien común. Esto tiene
profundas implicaciones para las políticas económicas, el acceso a la tierra,
el trabajo y los recursos naturales.
La
fraternidad exige salir del círculo del propio grupo para ampliar el corazón
hacia los demás, especialmente los excluidos. La apertura al otro no debilita
la identidad personal o cultural, sino que la enriquece. El verdadero amor no
conoce fronteras: se hace universal en su preocupación por los más alejados.
Capítulo
4: Un corazón abierto al mundo entero
Este
capítulo desarrolla la idea de una apertura equilibrada entre lo local y lo
global. El Papa advierte que el localismo cerrado impide el diálogo y el
aprendizaje mutuo, mientras que el globalismo sin raíces puede alienar a las
personas de su cultura. Propone una integración armónica donde lo local aporte
sabor y lo global ofrezca horizonte.
Se
hace un fuerte llamado a la acogida, protección, promoción e integración de los
migrantes. La migración, señala Francisco, no es un problema que se deba resolver
de forma reactiva, sino una oportunidad para construir sociedades más humanas y
diversas. La inclusión debe ser activa, ofreciendo igualdad de oportunidades y
ciudadanía plena.
La
fraternidad universal implica reconocer la interdependencia entre pueblos,
construir una nueva conciencia global y cultivar una cultura del encuentro que
valore a cada persona por lo que es, no por lo que tiene.
Capítulo
5: La mejor política
Francisco
reivindica la política como una de las formas más altas de la caridad, cuando
está orientada al bien común. Critica duramente las deformaciones actuales de
la política: el populismo que manipula al pueblo, el liberalismo económico que
idolatra el mercado, la corrupción, la falta de proyectos a largo plazo.
La
mejor política es la que promueve la dignidad humana, la justicia social y el
cuidado del planeta. Debe ser capaz de transformar las estructuras que
perpetúan la pobreza y la exclusión. Francisco habla de una "caridad
política" que se compromete con la organización de una sociedad más justa,
no solo con acciones asistencialistas.
Propone
una economía socialmente inclusiva, capaz de dar trabajo digno, garantizar
derechos y equilibrar la eficiencia con la solidaridad. La política necesita
una nueva ética del servicio, centrada en el pueblo y no en los intereses de
pocos.
Capítulo
6: Diálogo y amistad social
Este
capítulo es una llamada al diálogo como herramienta fundamental para la
convivencia. El Papa señala que el verdadero diálogo no busca imponer, sino
comprender, construir consensos y encontrar caminos comunes. Critica los
mecanismos de desinformación, manipulación y descalificación que dominan el
debate público.
La
amistad social es una actitud de apertura al otro como hermano, incluso cuando
piensa distinto. Supone humildad, escucha y disposición a aprender. No es un
ideal abstracto, sino una práctica concreta que se cultiva desde la educación,
los medios, la política y la vida cotidiana.
Francisco
insiste en que las sociedades plurales requieren de un diálogo paciente y
perseverante. Solo así será posible superar los enfrentamientos y construir un
tejido social resistente al odio y la división.
Capítulo
7: Caminos de reencuentro
Aquí,
el Papa aborda la reconstrucción de la paz desde una perspectiva integral. La paz
no se reduce a la ausencia de guerra: es fruto de la justicia, la verdad y el
perdón. La memoria histórica es necesaria para no repetir errores, pero debe
estar animada por una voluntad de reconciliación.
El
Papa condena toda forma de guerra como una derrota de la humanidad. También
declara inadmisible la pena de muerte, abogando por su abolición universal. La
justicia penal debe orientarse a la rehabilitación y no solo al castigo.
Francisco
propone una cultura del cuidado que restaure las relaciones rotas, promueva la
mediación y prevenga la violencia estructural. La fraternidad es el camino para
sanar las heridas del pasado y construir un futuro común.
Capítulo
8: Las religiones al servicio de la fraternidad en el mundo
El
último capítulo subraya el papel positivo de las religiones en la construcción
de la paz y la fraternidad. Todas las religiones están llamadas a promover la
dignidad humana, la compasión y la justicia. La fe verdadera lleva al
encuentro, no al enfrentamiento.
El
Papa insiste en que ningún acto violento puede justificarse en nombre de Dios.
Reafirma el valor del diálogo interreligioso y el compromiso común con la paz,
recordando el Documento sobre la Fraternidad Humana firmado con el Gran Imán
Ahmad Al-Tayyeb en 2019.
Francisco
destaca que las religiones tienen una misión insustituible: ofrecer sentido,
consuelo y orientación ética. Su contribución al bien común es esencial, sobre
todo cuando colaboran juntas en favor de los más pobres, de la justicia y de la
reconciliación entre los pueblos.
Conclusión
Fratelli
Tutti es una propuesta radical y esperanzadora. Francisco no solo denuncia las
sombras que oscurecen el mundo, sino que ofrece una visión luminosa centrada en
la fraternidad, el amor político, el diálogo, la paz y la dignidad universal.
Nos invita a soñar juntos con una humanidad reconciliada, donde nadie quede
excluido y donde cada persona sea reconocida como hermana.
Esta
encíclica se convierte así en un faro ético y espiritual para repensar nuestra
vida personal, nuestras estructuras sociales y nuestras relaciones
internacionales desde la perspectiva del Evangelio y la compasión.




